Daniel Pintó Casas

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Sabiduría evolutiva

En el Talmud, libro sagrado Judío, se describe la siguiente leyenda:

Hubo un rey árabe que admiraba profundamente a Moisés, por haber liberado a su pueblo del yugo Egipcio, de acuerdo con la descripción del Éxodo. Tal era su admiración, que envió a un pintor para que le hiciera un retrato. Cuando este hubo vuelto, el rey presentó el retrato a sus sabios expertos en fisiognomía para que hicieran un diagnóstico psicológico de Moisés.

Pero he aquí que los sabios encontraron que el retrato indicaba que se trataba de un hombre con una energía tremenda, con unos instintos terribles, capaz de cualquier crueldad. El rey se quedó atónito ante las explicaciones de sus sabios fisiognomistas y, sin saber, cuánta razón llevaban, optó por visitar al propio Moisés personalmente.

Éste le recibió y respondió al dilema del rey sobre esta razón y su severa definición:

Tienen mucha razón. En verdad estos rasgos de crueldad y dureza que me han achacado tus sabios los he tenido que subyugar hasta el punto de crear en mí una segunda naturaleza capaz de controlarlos.

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KoNuVe

Nunca deja de maravillar la habilidad y la coordinación!
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Lectura y abusos.

Una mañana, el marido vuelve a su cabaña después de varias horas de pesca y decide dormir una siesta. Aunque no conoce bien el lago, la mujer decide salir en la barca. Se mete lago adentro, ancla y lee un libro..

Parábolas que espavilan

Viene un Guardián en su lancha, se acerca a la mujer y dice:

Buenos días, señora. ¿Qué está haciendo? 

Leyendo un libro– responde ella (pensando ‘¿No es obvio?’)

Está en zona restringida para pescar– le informa Él.

Disculpe, oficial, pero no estoy pescando, estoy leyendo.

Sí, pero tiene todo el equipo, por lo que veo, podría empezar en cualquier momento, tendré que llevarla y detenerla.

Si hace eso, lo tendré que acusar de abuso sexual– dice la mujer…

Pero ni siquiera la toqué !!! – dice el guarda.

Es cierto, pero tiene todo el equipo. Por lo que veo, podría empezar en cualquier momento.

Disculpe, que tenga un buen día, señora – y se fue….

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¿Dios existe?

Un joven discípulo solicitó al Maestro Iluminado el asistir en silencio a las entrevistas que éste concedía a aquellas personas que iban en busca de su consejo y sabiduría.

parábolas que viajan

La primera visita fue la de un hombre que preguntó:

Maestro, ¿Dios existe?

-fue la lacónica respuesta.

En la segunda visita una mujer también preguntó:

Señor, ¿Dios existe?

No -fue en esta oportunidad la contestación.

En una tercera visita un joven interrogó:

Iluminado, ¿Dios existe?

En esta ocasión, el Maestro guardó silencio, y el joven se marchó sin una respuesta a la pregunta formulada.

El discípulo, desconcertado por la extraña conducta del Maestro, no pudo por menos que preguntarle:

Señor, ¿cómo puede ser que a tres preguntas iguales hayas respondido de modo diferente cada vez?

Lo primero que has de saber –contestó el Maestro– es que cada contestación va dirigida a la persona que pregunta y por tanto no es para ti ni tampoco para nadie más. y lo segundo es que he respondido de acuerdo con la realidad y no con las apariencias. En el primer caso se trataba de un hombre en el que mora la divinidad pero que ahora vive un momento de oscuridad y duda, por eso he querido apoyarlo. El segundo caso se trataba de una mujer beata apegada a las formas externas de la religión que ha descuidado a su familia por atender el templo, y por ese motivo es bueno que aprenda a encontrar a Dios entre los suyos. El tercer caso se trataba sólo de alguien que ha venido a verme por curiosidad y sencillamente ha improvisado esa pregunta como podía haber hecho cualquier otra.

¿Esposa o amante?

Parábolas que pinchan

Un hombre preguntó a un sabio si debía quedarse con su esposa o su amante…el sabio tomo dos flores en su mano: una rosa y un cactus… y le pregunto al hombre:

Si yo te doy a escoger una flor, cual eliges?

El hombre sonrió y dijo:

-La rosa es lógico!

Y el sabio respondió:

-A veces los hombres se dejan llevar por la belleza externa o lo mundano y eligen lo que brille más, lo que valga más, pero en esos placeres no está el amor. Yo me quedaría con el cactus porque la rosa se marchita y muere; el cactus en cambio, sin importar el tiempo o el clima, seguirá igual, verde con sus espinas, y un día dará la flor mas hermosa que jamás hayas visto. Tu mujer conoce tus defectos, tus debilidades, tus errores, tus gritos, tus malos ratos y aún así está contigo… tu amante conoce tu dinero, tus lujos, los espacios de felicidad y tu sonrisa, por eso está contigo. Ahora dime hombre: con quién te quedarás?…

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Donación

Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital de Stanford, conocí a una niña llamada Liz que sufría una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, que había sobrevivido milagrosamente a la misma y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.

El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana.

Yo lo vi dudar solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decidir:

– Si, lo haré, si eso salva a Liz.

Mientras la transfusión continuaba, el estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, y veíamos retornar el color a las mejillas de la niña.

Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció.

El niño miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa:

– ¿Cuándo cree que empezaré a morirme?

Siendo sólo un niño, no había comprendido al doctor; el pensaba que le daría toda su sangre a la hermana. Y aún así se la daba.

Parábolas para compartir

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros procedía de la misma manera, los llevaba a una gran sala donde había un grupo de arqueros en un lado y una inmensa puerta de hierro al otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces Podéis elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta.

Parábolas que infunden valentíaTodos, al ver la puerta imponente, elegían voluntariamente la muerte. Al terminar la guerra, un soldado que sirvió al rey mucho tiempo, se dirigió al soberano y le dijo:

-Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

Y le responde el rey:

-Dime soldado.

-¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?.

-Ve y mira tú mismo- respondió el rey.

El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado estupefacto miro a su rey que le decía:

-Yo les daba la oportunidad de elegir libremente, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por miedo de arriesgarnos?.
¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por la incertidumbre?

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella. En un determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo.Parábolas que te iluminan

Entonces, le dice:

-¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano?
¡Si tú no ves!

Entonces, el ciego le responde:

– Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria.

Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi… No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan servirse de ella.

Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para sí mismo y para ser visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.

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